Buscar este blog

domingo, 2 de agosto de 2015

Fuego

Hoy en la madrugada fue el ritual de yagé. Tenía miedo de embadurnarme de mierda o vómito. Era un miedo más físico que emocional.

Andreita me invitó a renovar este nuevo ciclo de vida. Llegamos pasadas las 11 de la noche a la casa del Taita. Vive en una montaña del suroriente de Bogotá, cerca a un colegio distrital. Tocamos la puerta y alguien abrió, un salón nos recibió con varios chicos hablando de sus cosas, y un señor y un niño. Dispuse mis cobijas y a dormir un rato como me indicó Andreita. Asimismo ella me dijo como debía vomitar (colocarse en cuatro apoyando las manos y las rodillas en el suelo, con la boca sobre el recipiente),  y mantenerme despierta lo más que pudiera para vivir la realidad del yagé, sentirlo y no dejarme doblegar por el sueño.

Pensé que la toma era en un círculo pero cuando me tocó pasé sola donde el Taita a recibir mi poción mágica. El me preguntó mi nombre. Dije Alba. Me dijo, ¡qué nombre tan bonito!, y agregó que pensará bonito. Me miró con emoción y tranquilidad, y me dio mi posición. Me indicó que tratara de permanecer lo más despierta que pudiera sentada al lado del fuego o sino que me sentará en el suelo cerca de las cobijas.

Una vez al lado del fuego pasó bastante rato en el que esperaba ver luces psicodélicas. Me sentía normal mientras los demás se transformaban. Estaba Andreita, y cuatro jóvenes al lado del fuego. Un señor de 60 años enfermo de los riñones dormía cerca del altar del Taita, junto a un nieto, al otro extremo del fuego.

Miré el fuego con pensamientos bonitos. Pensé en el fuego como purificador, creatividad, pasión, amor, renovador, tranquilidad, arte y deseo. Al final le pedí que me diera amor para quererme, para resucitar de mis cenizas y tomar los pensamientos positivos como una nueva actitud de vida. Miraba sus luces rojas, amarillas y doradas mientras los carbones se consumían y cambiaban de posición en el fogón. Luego encontré figuras. Miré por horas el fuego. Por ahí unas dos. Sentía que nada me pasaba. Alcancé a pensar que era sobrenatural y que el yagé no me hacía efecto. Bostecé varias veces. El hambre y el sueño estaban que me doblegaban. Con ganas de vomitar pero no tenía que vomitar.

El Taita se sentó con nosotros al lado del fuego. Colocó música andina en el computador que se reproducía en dos potentes bafles. Cogió un cucharón metálico y sacó varios carbones ardiendo, los untó de una semilla de sándalo o de una planta con aroma dulce, que se extendió en una cortina de humo. Esa aroma me recordó las secciones hierbateras de las plazas de mercado de Paloquemao y de Las Nieves. El Taita pasó este humo por cada uno de los participantes mientras hablaba. Esto lo hizo dos veces mientras estuve despierta.

Los chicos vomitaban y yo nada. El Taita hacía mover los abundantes collares de semillas al ritmo de la música. Luego un chico lo acompañó con una maraca. Otro joven le pidió permiso al Taita para tocar la armónica. Y después alguien tocó la guitarra, una melodía maravillosa. Yo seguía con los ojos clavados en el fuego mientras los demás estaban doblados la cintura. Algunos temblaban. La música de la guitarra fue tan armónica y suave que en un momento me transformó en ave. Sentí que era un ave, y empecé a volar. Mi cuerpo hacía movimientos suaves y ondulantes. Fue un instante. Sentí que era un ave libre, como un águila. Fue maravilloso. De esto deduje que el movimiento corporal y la música son necesarios y soy libre.

Luego sobrevino el vómito y fui al suelo cerca a una caneca dispuesta para ello. Vomité la aromática que tomé con Nina, Angie y Caro bu, a las 8 de la noche. Me levanté trastabillando borracha, el cuerpo iba de un lado al otro. Me volví a sentar y seguí viendo figuritas en el fuego. Pero me dio miedo esa borrachera y me fui a dormir. Sentía una presión craneal suave.

Después Andreita me llamó para una segunda toma. Dije que no. Tenía miedo de no tener control de mi cuerpo. Y no tenía que vomitar. Realmente no dormí bien. Pensé en el trabajo. Y sentí frío en los pies. Al amanecer comimos fruta y una sopa. Todo terminó como a las 9 de la mañana. Pero el día de hoy sigo zombi. Andreita dice que eso se llama chumada. Estoy chumada. Quedé de volver e invitar a Caro bu. La sensación es de relajación extrema y tranquilidad absoluta.


4 comentarios:

  1. Albitaaa, ya lo viviste que chevere!!! Eres un ave libreeee aprovechalo!!!...esperare la segunda parte. Un abrazotee

    ResponderEliminar
  2. Albitaaa, ya lo viviste que chevere!!! Eres un ave libreeee aprovechalo!!!...esperare la segunda parte. Un abrazotee

    ResponderEliminar